CUERPO COMO EXPERIMENTO - LITERATURA COMO SALUD

Hay cuerpos que son atravesados como muñequitos de felpa y encarnan desconcertados devenires implacables, allí donde la voluntad nada sabe decir a tiempo, allí donde las respuestas son arrojadas a la cara antes de siquiera poder pronunciar las temblorosas preguntas. Devenires que en su irrupción violenta son acechados luego constantemente por palabras, elucubraciones, que intentan encastrarlos inútilmente en relaciones causa-efecto, 'si p entonces q', 'y no podría ser de otra manera debido a las determinaciones sociales-psicológicas-culturales'... nuevos órganos emergen como tumores alrededor de todo ese flujo deseante, lacerando la piel vieja que a cada paso se tensa, y las palabras van y vienen pegándose a los dulces fluidos como moscas.
Y en el centro de toda esta subjetividad rota, remendada, al final el juego es un abandonarse, la salud un dejarse andar esquizo, andar poeta, militante, andar actriz, enamoradx, andares tontx, malx, alegrx, angustiadx, andar simplemente andar, con los ojitos brillosos, con la risa,
en el vaivén susurrado por todos esxs dramaturgxs incautxs y adorables que saben más del cuerpo que el cuerpo mismo, ese cuerpo solo que nada sabe, que nada sabe...

En el colectivo

Los viejos me quieren levantar en el colectivo. ¡Hay tantos viejos solos! Yo hablo con alguno, piensa que soy muy joven: “estar con alguien de tu edad sería como un abuso”. Primero pensé que era ciego, pero al final veía.
Cuando era chico escribió un cuento de un ratón rico y otro pobre. Lo quiso presentar a un concurso de la escuela, pero como su papá no se lo pasó a máquina lo terminó tirando a la basura.
El cuento de los ratones ya ha sido escrito. Uno era del campo y otro de la ciudad, recuerdo. Pero no se lo dije, me dio lástima, pensó que podría haber sido un gran escritor. 
Yo también hacía cuentos, pero eso era cuando era más joven y estaba más expuesta al abuso de los viejos.
“Soy poeta”, le digo. Pero no tengo un estilo, apenas me corrijo. Me da mucha pena pensar que tuve tantxs hijxs a los cuales he arrancado los dientes.
Ya no me muerden, andan por ahí soñando mamas consistentes que nadie puede tocar. Ni siquiera los viejos encumbrados.

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