CUERPO COMO EXPERIMENTO - LITERATURA COMO SALUD

Hay cuerpos que son atravesados como muñequitos de felpa y encarnan desconcertados devenires implacables, allí donde la voluntad nada sabe decir a tiempo, allí donde las respuestas son arrojadas a la cara antes de siquiera poder pronunciar las temblorosas preguntas. Devenires que en su irrupción violenta son acechados luego constantemente por palabras, elucubraciones, que intentan encastrarlos inútilmente en relaciones causa-efecto, 'si p entonces q', 'y no podría ser de otra manera debido a las determinaciones sociales-psicológicas-culturales'... nuevos órganos emergen como tumores alrededor de todo ese flujo deseante, lacerando la piel vieja que a cada paso se tensa, y las palabras van y vienen pegándose a los dulces fluidos como moscas.
Y en el centro de toda esta subjetividad rota, remendada, al final el juego es un abandonarse, la salud un dejarse andar esquizo, andar poeta, militante, andar actriz, enamoradx, andares tontx, malx, alegrx, angustiadx, andar simplemente andar, con los ojitos brillosos, con la risa,
en el vaivén susurrado por todos esxs dramaturgxs incautxs y adorables que saben más del cuerpo que el cuerpo mismo, ese cuerpo solo que nada sabe, que nada sabe...
Amiga desestresada
de dónde sacaste las papitas
al taxista que le gusta el agua helada, con grados bajo cero
no se le aplica la receta.
Tengo hambre a las 3 de la mañana
ya me comí los dedos
llegué hasta las mangas,
la perra tiene muchos bebés y no tiene frío.
Me queda chica la colcha
voy a dormir con dificultad y sueños
que un edificio implosiona
en la esquina;
han puesto explosivos en lugares estratégicos
han tapiado las ventanas de la casa
y la policía acecha la puerta.
Mi papá no sabe
que estoy, no sabe?
Amiga, de dónde sacaste esta amiga
muestra los documentos
y da besos en terribles circunstancias
dice que se llama
pero nadie se acuerda.
Tengo miedo a las 6 de la mañana
hay un brillo extraño
tras los muros derrumbándose
el bruuumm, las sirenas, las vibraciones continuas del piso.
El libro de cuatrocientas páginas
me sostiene de pie en la estantería
y te tengo conmigo, borracha,
a punto de desaparecer
las reclusas de la memoria.
Amiga, estás blanca
de la cara a las manos, hasta mis brazos
discontinua me dijeron que estabas
ahí
cuando tiré el castillo por la ventana.




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